sábado, 17 de agosto de 2013

PODER

La naturaleza nos da innumerables ejemplos de poder.  Algunos se asombran ante la grandeza e imponencia de las montañas, otros se maravillan ante la vista del insondable océano o la majestad del cielo. En el reino vegetal vemos como los árboles más robustos predominan sobre los más débiles. En el reino animal también vemos como las cualidades de la fuerza, rapidez y astucia distinguen al León haciéndole inspirar temor entre sus congéneres entre el reino animal.

Sin embargo esta ley (la del más fuerte) no es digna del hombre ya que lo rebajaría de su noble estación a la del reino animal obstaculizando el desarrollo de sus atributos divinos como la compasión, generosidad, desprendimiento y amor.

Puesto que el hombre es un ser espiritual con un propósito divino a cumplir el concepto de poder debe ser congruente a su verdadera naturaleza divina.

En resumen si el hombre busca el poder imponiendo su voluntad sobre sus semejantes caerá en la tiranía logrando su propia degradación a cambio de un poder temporal a semejanza de castillos de arena a orillas del mar. Basta con que una implacable ola lo cubra y en un instante borre toda huella de vanagloria.

El verdadero poder para el hombre es llegar a dominar su propio ego a la vez que desarrolla las nobles cualidades inherentes a su espíritu, su verdadera naturaleza.

Reflexionado:

¿Cual es mi concepto del poder? ¿Es congruente con mi naturaleza divina? ¿Permite el desarrollo de los atributos de mi espíritu?

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