domingo, 11 de agosto de 2013

MIRADA

La naturaleza nos enseña a dirigir nuestra mirada hacia lo sublime, hacia la belleza, hacia la esperanza de una nueva creación en medio de un proceso de metamorfosis.   Lo anterior lo podemos ver tanto  en el reino vegetal y animal. Por ejemplo cuando vemos una oruga dentro de su capullo nuestro ser se regocija al visualizar la nueva creación que habrá de surgir: ¡una mariposa totalmente distante a la oruga que le precedía!.

Aquel individuo que es consciente de este hecho mira con admiracion  a la oruga esperando pacientemente por la transformación que le ha de sobrevenir para dar paso a una nueva creación, donde lo que fue un dia un habitante de la tierra paso a ser de ahora en más  un habitante de los cielos.

Lo mismo podemos decir de una simple semilla. Aquel individuo cuya vista esta dotada de entendimiento podrá valorar la potencialidad que se haya en estado latente dentro de esta forma dura, pétrea,  carente de hojas, ramas, raíces y frutos que caracterizan al arbol; esperando ser descubierta por el jardinero que la coloque a resguardo en la tierra fertil de su cuidado hasta ofrecer sus más excelentes frutos materializada esta vez en un majestuoso arbol.

También si dirigimos nuestra mirada a una rosa en cualquier lugar donde florece aceptaremos el hecho que nuestra mirada jamas se dirige  a sus puntiagudas y dolorosas espinas sino siempre a sus exuberantes y coloridos pétalos inundados de una fragancia exquisita que deleita nuestros corazones.

En el reino animal podemos citar el ejemplo del pavo real con el colorido extravagante de su plumaje incomparable que deleita a cualquier expectador el cual jamás dirige su mirada a sus patas poco atractivas y desprovistas de belleza, al estar fascinado por la belleza anterior que le adorna de forma singular entre las aves de la cual forma parte.

El ser humano también es como una semilla de inestimable valor esperando por ser cultivada en la tierra fertil de la educacion tanto material como espiritual, el cual le provee del abono, la lluvia, la humedad y el sol necesario para su transformación siguiendo el camino de la oruga para ser una mariposa que revolotea en el jardín del amor y el altruismo.

Cuando comprendemos este hecho en la naturaleza inmediatamente debemos aplicarlo al reino humano. Podemos lograrlo al enfocarnos en las cualidades positivas de una persona y sus potencialiades innatas esperando por ser pacientemente cultivadas y desarrolladas en la tierra fertil del estímulo, la paciencia y el amor.

Puesto que ninguno de nosotros es perfecto estaríamos yendo en contra de las Leyes espirituales que nos rigen si nos enfocáramos en las cualidades negativas o aun no desarrolladas por un determinado individuo con el cual interactuamos. 

En resumen debemos esforzarnos en ver solo las cualidades positivas de las personas recordando el ejemplo de la rosa y sus espinas, pasar por alto cualquier defecto recordando sus potencialidades como el árbol en estado latente dentro de la semilla y finalmente nuestra ignorancia si hacemos lo contrario retrasando con ello nuestro crecimiento espiritual.

Reflexionando:

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