jueves, 22 de agosto de 2013

AMISTAD

A menudo vemos como en cualquier jardín donde abundan las rosas o jazmines inmediatamente nos sentimos atraídos hacia su belleza y peculiar fragancia.

Nos damos cuenta como su exuberancia y aroma están a la disposición de cualquier visitante que se acerque lo suficiente a ellas como para deleitarse con aquellos momentos mágicos de amistad que ofrecen sin distinción alguna estás flores.

A semejanza de la naturaleza en cuanto al ejemplo anterior no debemos de contentarnos con mostrar amistad solamente con palabras sino también con hechos, y esta debe estar dirigida tanto a amigos como a extraños para que logren un sentido pleno tal cual como lo hace la rosa o el jazmin a cualquier individuo que se le acerque, puesto que la amistad consiste en dar todo lo que uno posee en el sendero de los demás.

De lo contrario seremos rosas o jazmines sin fragancia alguna logrando finalmente el desencanto de aquellos que se acercen lo suficientemente a nosotros en busqueda de amistad genuina.

Reflexionando:

¿Ofrezco mi amistad desinteresamente a los demás?
 De no ser así: ¿Qué me impide hacerlo?

¿Cuál es mi concepto de la amistad? ¿Es congruente con mi verdadera naturaleza espiritual? ¿Son congruentes mis palabras con mis acciones?


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