jueves, 4 de julio de 2013

EDUCACIÓN

Si contemplamos la semilla de un árbol cualquiera que no ha sido plantada por la mano del jardinero en comparación con otra de la misma clase que sí lo ha hecho podemos hacer varias lecturas. Una de ellas podría ser que la diferencia entre la semilla y el árbol con frutos es que es inconmensurable. Una segunda lectura es que el árbol y el fruto son una muestra de las potencialidades latentes dentro de la semilla. Una tercera lectura es que la mano del jardinero es la que hace la diferencia al sembrar aquella semilla diligentemente y con sumo cuidado velar por ella hasta que de sus primeros frutos para la delicia del hombre.

El corazon del hombre es como una semilla con una inconmensurable potencialidad latente dentro de él que como la semilla debe ser plantada en la tierra del amor y del estímulo a través de la educación sistemática de un experto jardinero divino.

Estos Jardineros Divinos han venido de tiempo en tiempo educando espiritualmente al hombre para que alcance su madurez, entre ellos podemos citar a Abraham, Moises, Buda, Cristo, Mahoma, El Báb y Bahá’u’lláh.  Si algún individuo presenta alguna cualidad digna de elogio se debe a la educación que estos Educadores Universales inculcaron con el ejemplo de sus vidas a la humanidad.

 Por otra parte, si nuestra sociedad en general muestra signos de inmadurez espiritual ello solo significa que su naturaleza espiritual tal cual como la semilla permanece sin ser plantada en el jardín de la educación divina, permaneciendo carente de sus nobles frutos como el amor, el servicio y/o altruismo.

Reflexionando:

*  ¿Soy consciente del papel transcendental de la educacion?
*  ¿Cómo puedo contribuir a la educación espiritual de mi barrio?



No hay comentarios:

Publicar un comentario